FRANCISCO BELTRÁN - PSICÓLOGO ELCHE
  TERAPIA
 

 

“Si usted quiere: puede”, siempre es cierto en la terapia individual. En cambio, cuando hablamos de terapia de pareja, o familiar, querer no es poder, porque no todo lo que quiere la voluntad va acompañado de la suficiente ilusión sentimental para llevar a cabo el trabajo necesario. No siempre lo que quiere uno, coincide con lo que quiere el otro y no siempre el resultado coincide con el propósito de la demanda. No siempre es posible lograr que una pareja vuelva a tener una relación de pareja adecuada.
 
 
Esta es una realidad con la que se parte a la hora de trabajar con parejas. Y, de hecho, es mi primera pregunta a ambos, si están los dos dispuestos a esforzarse, a trabajar para mejorar, a realizar los cambios que se consideren necesarios. Si es así, la pareja tiene muchas posibilidades de solventar la crisis en la que están inmersos y, cuando esto no es posible, normalmente se consigue una separación amistosa, segundo objetivo de toda terapia de pareja, ya que, una separación no amistosa provoca en ambos miembros más meses o años de sufrimiento, pudiendo llegar a un odio mutuo que les impide tomar decisiones complejas respecto a las importantes cuestiones de hijos, familia, economía, etc. En estos casos, el resultado final es para ambos más negativo, no pudiendo continuar individualmente con sus vidas de una manera más adecuada.

Nos encontramos continuamente con dos personas que han convivido x años juntos en una relación positiva y ahora se encuentran en plena crisis: se hablan poco y/o mal, no tienen ganas de hacer actividades juntos, sienten rabia/tristeza al estar cerca del otro, tienen diferentes ideas respecto a qué hacer en el futuro o en la educación de los hijos, sienten celos, las discusiones y desencuentros son continuos,... y surge la pregunta: ¿qué hacemos?
- Nos separamos.
- Intentamos arreglarlo por nuestra cuenta.
- Buscamos ayuda profesional. Si esta es la opción elegida, hágalo cuanto antes porque cada discusión, gesto, enfado, alejamiento, etc. va a dificultar más la terapia.
 
 

 

La terapia de pareja tiene el objetivo de que ambos recuperen el control de sus propias decisiones individuales. Y canalizar ese control hacia la realización de conductas que sean más adecuadas para ellos mismos y para la relación.

 
 
¿Qué ha ocurrido si llevábamos diez años muy bien y ahora llevamos tres años cada vez peor? La respuesta a esta pregunta es uno de los objetivos de la terapia. Normalmente hemos dejado de hacer cosas que eran buenas para nosotros y para la pareja, y hemos hecho otras cosas que ni eran buenas para nosotros ni para la pareja. En ocasiones lo que ha ocurrido es que lo que nos servía con 30 años no nos vale con 40 y no hemos sabido adaptarnos a los cambios; o lo que nos valía cuando no teníamos hijos no nos vale cuando los tenemos; o ha surgido una infidelidad o un enamoramiento alternativo y no sabemos cómo salir de esta situación, etc.
 
 
 
En algunas situaciones, la crisis de la pareja viene fomentada por un problema puntual de uno de los miembros. En estos casos, se trabaja más con la persona que tiene que resolver de manera más individualizada ese problema (fallecimiento de un familiar, despido, enfermedad, ansiedad, etc.).
 
 
 
¿Se puede volver a tener una relación positiva? La respuesta es AFIRMATIVA y viene determinada por lo dicho anteriormente: si ambos miembros se esfuerzan en ello, es muy posible que establezcan las bases en el presente de un nuevo tipo de relación entre ellos basado en las necesidades actuales de ambos.
 
 
 
Es necesario matizar que el psicólogo no es el encargado de establecer las bases de funcionamiento de la pareja, es decir, cada pareja elige cómo quiere vivir, relacionarse, comunicarse, divertirse, etc. El trabajo del psicólogo es que estas bases sean las adecuadas, que ambos estén de acuerdo y que se pongan en funcionamiento. Dicho de otra manera más específica, es la pareja la que decide cómo organiza las tareas de la casa, las relaciones con las respectivas familias, las relaciones sociales, los momentos de ocio, la economía, la educación de los hijos, etc. Evidentemente, todas estas decisiones se toman bajo el asesoramiento del profesional, que aconseja, guía, propone, pero es la pareja la que decide cómo se planifica su vida.
 
Si su pareja está en crisis, han intentado por su cuenta solucionarlo y no han podido, pero siguen con el deseo de continuar juntos, seguramente la terapia de pareja funcionará y se conseguirá su objetivo de mejorar la relación.